El negocio de la ilusión. El fotógrafo como mercancía.

  

1.   Presentación.

 

Me llamo diego Espada y soy fotógrafo desde hace cerca de 30 años. Igual que muchos otros profesionales de la imagen, compagino la labor de fotógrafo con la docencia, actividad a la que me he dedicado desde hace 15 años, en especial en el ámbito universitario, y también ejerzo una parte de mi trabajo en el campo de la gestión cultural centrada en la fotografía.

Soy consciente de vivir en una sociedad cuya realidad está conformada y condicionada por un universo visual, la Iconosfera. Un entorno modelado, en parte, por las imágenes de registro (1) tanto en el campo artístico, publicitario y documental, fotografías que influyen y determinan la creación de realidades y relatos identitarios, sociales y culturales.

Como espectador y creador, defiendo la necesidad de una postura crítica ante la imagen, ante sus prácticas, contenidos, usos y funciones y por ello trabajo desde hace años ofreciendo formaciones y acciones basadas en un enfoque que denomino "alfabetización visual crítica en la diversidad". Un posicionamiento que invita a cuestionar desde múltiples ángulos tanto el papel del fotógrafo como la práctica y los usos de la fotografía, ya sea esta profesional, artística, documental o vernácula (2). Una actitud crítica no quiere decir estar en contra de nada, sino tomar distancia, informarse, analizar y mirar desde una postura desapasionada, evitando el entusiasmo y permitiendo la duda.


(1)  Imágenes de registro es una forma de designar aquellas que en su génesis son creadas a través de un dispositivo que captura a través de algún sistema la radiación emitida por un sujeto, objeto o escena ajena al dispositivo y con quien coincide en el espacio y tiempo. Esta definición no afecta a que posteriormente sean o no alteradas con intervenciones manuales o a través de un software.

Utilizo este término a fin de diferenciar las imágenes fruto de una interrelación con un referente físicamente real a aquellas generadas sin relación directa con un referente físico real, ya sean creadas manualmente, por CGI, o con la mediación de un software basado en IA generativa.

(2)  Utilizo el adjetivo “vernácula”, para identificar aquella fotografía que no es resultado de un encargo profesional ni ha estado elaborada con el objetivo de ser una obra artística. Son fotografías familiares, de viajes, de amistades, instantáneas de creadores amateurs, nacidas con el objetivo de documentar momentos y experiencias del autor y destinadas inicialmente a un consumo personal o al entorno cercano.



2.   La pregunta.


Cada año muchas personas se preguntan "¿Qué tengo que estudiar para ser fotógrafo profesional?" Este texto quiere ser una respuesta a dicha pregunta basada en mi experiencia personal, la transparencia y la voluntad de que para alguien pueda ser útil.

También es una reacción ante la avalancha de ofertas de formación que prometen objetivos inasumibles e imposibles dirigidos a los aspirantes a fotógrafos. Es probable que las ideas que presento en este escrito algunas personas las rechacen totalmente, otras quizá compartan en parte el contenido. Para aquellos que se sientan ofendidos, me disculpo por adelantado; he sido y soy parte del negocio edificado sobre la ilusión y el deseo de ser fotógrafo y considero que, más que nunca, es necesario propiciar una postura crítica y reflexiva hacia la formación y la profesión fotográfica.

    Profesión: Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución.

    Profesional: Adjetivo. Dicho de una persona: Que ejerce una profesión.

      Definiciones de la RAE (Real Academia Española)


En el mundo de la fotografía, hoy, las diferencias entre profesionales y aficionados han desaparecido casi por completo. Muchos aficionados poseen equipos de alto nivel, realizan formaciones avanzadas, se identifican y promocionan en las redes sociales y la web como fotógrafos e incluso asumen pequeños encargos remunerados… Esta situación ha ayudado a extender el pensamiento de que dar el paso de aficionado a profesional es solo una cuestión de voluntad, fe en uno mismo, habilidad artística y definir un estilo personal.

 


 



 

Navegando en las redes, es fácil encontrar todo tipo de materiales y cursos de fotografía etiquetados con el adjetivo “profesional”, nos bombardean con eslóganes directos que promueven el paso de aficionado a profesional, invitándote a vivir de tu pasión”, a cómo vivir muy bien de la fotografía”, además normalmente a través de un camino corto, lúdico y satisfactorio: “de cero a cien en un único curso”, o el repertorio de “fórmulas secretas” que te permitirán conseguir fotos impactantes, grandes exposiciones y viajar por todo el mundo ganando mucho dinero. Múltiples caminos, que no llevan a Roma, sino, previo pago, a la conversión del aficionado en profesional de forma rápida y exitosa.


Promesas y más promesas, algunas de ellas creíbles y otras grotescas, englobadas en un abanico de precios que oscilan entre 0,99 euros el curso hasta másteres de miles de euros. Ofertadas por centros que ofrecen equipos de última generación, acceso ilimitado al material y plató junto a escuelas online o clases vía Zoom. Opciones orgullosas de anunciar que han formado a más de cien mil alumnos y otras que ensalzan las opciones “one to one” o sea, uno a uno.



 


 


3.   Quiero ser fotógrafo.

 

En el mundo hay una gran cantidad de personas a las que les gusta la fotografía y es innegable que ayuda la facilidad de acceso al medio; a nivel económico no es excesivamente costoso y, además, los equipos actuales, muy automatizables, nos permiten tener resultados atractivos desde el primer día. Podemos añadir que la universalización de los dispositivos móviles con altas capacidades fotográficas y el uso de las redes sociales ha posibilitado que las imágenes formen parte de nuestro lenguaje habitual, aumentando el interés por la fotografía y el vídeo.


La fotografía es en sí una actividad atractiva que permite generar una memoria visual de nuestra vida y sucesos, que potencia la creatividad, que nos ofrece un marco donde expresarnos emocionalmente, que es lúdica y que ofrece un entorno donde hibridar el talento con la tecnología. Es una actividad que ofrece recompensas a nivel emocional y que refuerza la curiosidad, el deseo de aprender, la autoestima y también el ego.

 

Por si todo lo anterior no fuese suficiente, nos invita a identificarnos con un colectivo representado a través de mitificaciones románticas. Desde el origen de la fotografía en el seno de la Europa colonialista, hemos idealizado la figura del fotógrafo y la fotógrafa desde una perspectiva heroica y positiva. Encontramos una representación basada en la imagen de una persona apasionada y creativa, a la vez que comprometida con causas justas, rodeada de arte, poder, glamour y con una vida alejada de la monotonía y las rutinas.

 

Es fácil entender el deseo de ser fotógrafo, y con ello a la multitud de personas que abrazan la fotografía y, dedicándose a cualquier otra ocupación laboral, se definen a sí mismos como fotógrafos. Y, además, es cierto, lo son. Una persona que hace fotos es fotógrafo y sus imágenes, experiencias, vivencias y aportaciones son tan valiosas o más que las de la persona considerada profesional. La diferencia no radica en la obra fotográfica, sino en la aproximación a la fotografía como un campo expresivo, lúdico o documental post-laboral, frente a esta como un medio de subsistencia.

 

Por supuesto que hay grandes artistas consagrados y reporteros y fotógrafos de moda y otros profesionales con prestigio que encarnan unos valores y encadenan un proyecto con otro acercándose a ese ideal. Pero el común de los fotógrafos, la clase media de la profesión, puede ser descrito de modo más frugal y monótono. Es más habitual encontrar una persona que es trabajadora autónoma, que dedica la mayor parte de su tiempo a conseguir encargos, a amortizar el equipo, a trabajos sin trascendencia social o mediática, a mantener posicionamientos éticos “flexibles” según el cliente. Un profesional que ha de defender de forma continua su derecho a remuneración económica, resolviendo gestiones administrativas, y que a veces, con un poco de suerte, disfruta de una propuesta o un proyecto gratificante.



4.   El mercado eres tú.

 

Según datos recogidos por “Statista” entre 2022-23, la afición por la fotografía, si bien oscila según países, está alrededor del 20 % de la población; en España en concreto es el 24 %.








Fuente: https://es.statista.com/grafico/30618/porcentaje-de-encuestados-en-paises-seleccionados-que-son-aficionados-a-la-fotografia/

 

Pensemos en ese 20% de la población, o más, que necesita comprar cámaras, objetivos, trípodes, ordenadores, software… Todos ellos dispuestos a costearse formaciones que oscilan desde una píldora de pocas horas hasta un máster especializado de uno o más años. Personas que formarán parte de asociaciones, que realizarán sesiones, viajes, salidas. Necesitados de crear webs, mantener redes sociales, impulsar acciones de marketing, participar en concursos. Futuros clientes de equipos, formaciones y servicios que generan un importante flujo económico con un único pagador, el aspirante a fotógrafo, es decir, tú.

 

Nos encontramos ante un gran mercado donde, como estrategia de ventas, se ha incorporado y amplificado un relato perfecto donde se nos asegura que es fácil acceder al estatus de profesional o semiprofesional, que el fotógrafo con su pasión no solo obtendrá reconocimiento y disfrute, sino que además puede recuperar la inversión realizada e incluso ganar dinero.

 

Un relato difundido y multiplicado por los mismos que lo han recibido, y en especial por aquellos que, en proceso de profesionalización, ofrecen cursos, experiencias y todo tipo de actividades. Amplificado en las redes sociales y la web, que son entornos de inmediatez y espectacularidad donde se venera el éxito y el reconocimiento.


Y aquí se origina una necesidad de “aparentar” ese éxito permanente. Vemos la mutación que, de proyectos publicados sin cobrar, cursos a 99 céntimos, colaboraciones sin remunerar y viajes y reportajes autofinanciados, se transforma en las redes en pruebas de éxito profesional y artístico.

 

Voces y más voces replicando un mensaje estereotipado que oculta y niega muchas veces una realidad insostenible económica, personal y laboralmente, donde inversiones en dinero y tiempo real se pagan en muchos casos con una línea más en el currículum o la promesa de promoción en redes sociales. Los psicólogos llaman “positividad tóxica” a una actitud que consiste en pretender que todo va bien cuando en realidad no es así. A la acción de engañarse a uno mismo, y al resto, aparentando un éxito y un bienestar inexistente. Parecería que la positividad tóxica es una pandemia en el mundo audiovisual.







 


5.   La situación de la profesión.

 

Ser fotógrafo es un oficio, una profesión donde hay profesionales que a través de su trabajo consiguen los recursos económicos que permiten una vida independiente y más o menos plena. Haberlos, los hay, los ha habido y los habrá, pero también es cierto que son pocos, comparados con los que lo intentan, muy pocos. Y si pensamos en un recorrido con futuro y observamos a aquellos que han superado los cinco o diez años como profesionales a tiempo completo. Ummm!! Haberlos hay, los ha habido y los habrá, pero aún son menos. La fotografía, igual que el dios Cronos, muchas veces, devora a sus hijos.

 

Es fácil que, en conversaciones honestas y privadas entre profesionales con años de carrera, sea habitual acabar hablando de la complicada situación económica y laboral de la profesión. Y entristece lo comunes que son las experiencias humillantes y de falta de respeto profesional que han de vivir personas altamente expertas y cualificadas.

 

Recomiendo a mis alumnos y a cualquiera interesado en entrar en este negocio la lectura del magnífico y doloroso ensayo de Remedios Zafra: “El entusiasmo, precariedad y trabajo creativo en la era digital”, que debería ser una lectura obligatoria para todo aquel que se plantea dar el paso de convertir su vocación en profesión”. Os dejo, como reflexión, un fragmento del ensayo de Remedios Zafra:

 

"La precariedad en el trabajo creativo se camufla con altas dosis de motivación y voluntarismo; en ocasiones recibe pagos inmateriales o simbólicos que hacen sentir a los trabajadores que ya han tenido una ganancia —aunque sea un mero certificado o un mayor número de seguidores—; refuerzan la tradición de que la creación conlleva un pago ‘distinto’ “Qué afortunado soy por dedicarme a lo que me gusta”."

 

La necesidad del éxito entendido como recompensas morales y no como remuneración económica, o, aún peor, como trampolín o inversión a otras formas de ingresos, ha afectado en tal medida a los profesionales, los aficionados y los clientes que ha generado una aceptación colectiva de la infravaloración económica del trabajo de fotógrafo.

 

Es importante entender que la necesidad continuada de imágenes de nuestra sociedad no determina la existencia de un mercado de creadores de imágenes creciente, ni las condiciones y valoración de trabajo de la persona fotógrafa, ni las posibilidades reales de acceso a la profesión. Que cada vez se realicen y se utilicen más fotografías no se traduce en una mayor necesidad de fotógrafos profesionales.

 

6.   Respuesta.

 

Escribo teniendo en mente a cientos de personas a las que, con más o menos intensidad, he acompañado en una parte de su camino como fotógrafos, tanto a los pocos que han conseguido profesionalizarse como a los muchos que no.

 

A modo de respuesta inicial, en el ámbito legal, para ser profesional de la fotografía, en España, tan solo es necesario darse de alta del IAE correspondiente según la fórmula que elijas, profesional o empresa, y con o sin local, y ni Hacienda, ni la Seguridad Social, ni nadie te exigirá ninguna titulación ni requisito previo para considerarte fotógrafo. Pagar cada mes los


autónomos, presentar las declaraciones de IVA e IRPF y desarrollar durante años un trabajo donde recibas una retribución económica, es lo que te convertirá en fotógrafo profesional.

 

¿Y para llegar a esta situación qué papel ha desempeñado la formación? Sin duda es necesaria, y mientras más amplia, precisa y profunda, mejor, pero poseer esos conocimientos técnicos,

estéticos, históricos… No sumará más de un 25 por ciento del conjunto total de habilidades, recursos y circunstancias que serán necesarios para conseguir ser un profesional.

 

No es mi voluntad desvalorizar la necesidad de formarse; la considero indispensable tanto en el inicio como a lo largo de toda la vida de un profesional. Pero sí creo obligatorio evitar las falsas expectativas que puede esconderse tras una promesa de éxito basado únicamente en la formación, y más si lo es centrado en la formación estética, artística y técnica.





Haber tenido el privilegio de haber compartido una parte importante del camino de muchos cientos de aspirantes a fotógrafos, me ha permitido valorar que hay todo un conjunto de habilidades y circunstancias como la personalidad, el entorno, la suerte, los contactos, la capacidad de esfuerzo y sufrimiento, el momento social, la perseverancia, la capacidad de gestión, una especialización acertada, un discurso propio y diferenciado, un buen plan de marketing y otros aspectos que son tan o más importantes que los conocimientos técnicos y estéticos para el éxito de una carrera profesional.

 

Primero. A quien quiera ser fotógrafo profesional le recomendaría, si aún no tiene, que curse una formación académica, ya sea un grado medio, superior o universitario. ¿En qué?

Dependerá de cada interés particular y el sector donde quieran focalizarse como fotógrafos, bellas artes, derecho, ciencias políticas, marketing, psicología, económicas, sociología, biología, danza, medicina, arquitectura, etc., etc. Uno de los aspectos positivos de la fotografía es su capacidad de enraizarse y nutrirse en cualquier campo.


Esta formación previa le aportará una opción profesional alternativa, que, si no tiene recursos económicos externos, seguramente le será necesaria durante años mientras consigue una experiencia y prestigio en fotografía que le permita el acceso a la profesión. La formación superior, también, le aportarán conocimientos y metodologías con las que construir un discurso personal complejo y profundo. La capacidad de crear un discurso propio y coherente, alejado de tópicos superficiales, es una herramienta poderosa y fundamental para un fotógrafo.

 

Segundo. Los avances en tecnología aplicados a la fotografía han transformado las necesidades de conocimientos técnicos de un modo brutal, sistemas de enfoque que identifican al sujeto selectivamente, balances de blancos casi exactos, mediciones de luz perfectas, uso de flash TTL, avanzados software de revelado y retoque, más toda la potencia de la inteligencia artificial aplicada a la captura, la selección, la edición y el revelado. Todo ello, y lo que vendrá, ha propiciado que, sin apenas conocimientos técnicos, se pueda realizar fotografías más que “correctas” técnicamente y que, para aquellos interesados en profundizar conocimientos concretos o especializados, la curva de aprendizaje sea más corta y fácil.

 

El ritmo de avances técnicos provoca que conocimientos recién adquiridos sean susceptibles de quedar obsoletos en poco tiempo. Razón por la que es más práctico buscar la formación técnica concreta, justo cuando la necesitamos que acumular conocimientos con fecha de caducidad. Vivimos rodeados de información accesible y gratuita a un solo clic de distancia, con contenidos de calidad entre los que podemos encontrar las respuestas técnicas ante casi cualquier problema concreto. Por tanto, el aprendizaje de la técnica básica es importante, pero no el que más nos debería preocupar.

 

Tercero. Los dos aspectos en los que considero que el futuro profesional ha de focalizarse son el conocimiento del lenguaje visual y las competencias de gestión y administración empresarial. Nuestro trabajo consistirá en crear mensajes visuales y hacerlo de forma legal, eficaz y rentable.

 

Lenguaje visual. A partir de ideas, conceptos, valores o emociones construimos imágenes capaces de representarlos y para ello necesitamos la mayor maestría posible en el lenguaje visual. Profundizar en el conocimiento y análisis de aquellos autores y obras que nos pueden motivar y guiar, investigar las relaciones entre la fotografía y el resto de las artes, entre la creación visual y lo social, entender la luz como elemento base del lenguaje de la imagen, la relación entre los acabados y las decisiones ópticas con la transmisión de información y sensaciones. Ser conscientes de como nuestra posición, biografía y entorno afecta e influye en el mensaje que construimos e integrar a base de la práctica, de mucha práctica, todo este conjunto de saberes con la mecánica de funcionamiento de la cámara y de la captura y edición de la imagen. Este debería uno de los objetivos fundamentales que cumpla el plan de formación que seleccionemos.

 

Administración empresarial. El segundo gran objetivo es el del ejercicio profesional; un buen temario debería responder a: ¿cómo hacer un plan de inversión?, ¿cómo buscar financiación?,

¿Cómo amortizar las inversiones?, ¿legalmente qué requisitos necesitas y qué protección legal te ampara?, ¿cómo realizar una entrevista con un cliente y cómo presentarle después un presupuesto?, ¿cómo y cuánto facturar para ser viable?, ¿qué vías reales hay de promoción y captación de clientes?, ¿cómo redactar un acuerdo de uso de derechos de imagen?, etc., etc. Situaciones ante las que, como autónomo, vas a tener que responder desde el primer día y en las que acertar o no en la respuesta será una parte importante (quizá más que tus habilidades como creador de imágenes) de las posibilidades de prosperar como profesional o de endeudarte y fracasar.

 

He vivido en primera persona, y he visto en otros, proyectos y propuestas interesantes y viables que son descartadas porque la presentación conceptual y la planificación legal y económica no era atractiva, correcta ni viable. Y como las mismas propuestas presentadas de nuevo con una diferente estructura formal y desarrollo conceptual y económico, se aprobaban y realizaban incluso con un presupuesto igual o superior al inicialmente rechazado.Igualmente, he sido testigo y parte de cómo ideas arriesgadas y “excéntricas” eran aceptadas porque el discurso, la presentación y el presupuesto eran sólidos y convincentes.

 

Puede parecer que no estoy dando importancia al aspecto “artístico” de la creación fotográfica y no es esa mi intención; es importante y no lo discutiré, pero muchos profesionales lo son realizando muchas fotografías correctas y muchos aficionados lo son a pesar de algunas imágenes geniales, y también existen artistas profesionales cuyo campo es la fotografía, por supuesto, pero esos aún son menos. Hablar de esto ahora sería iniciar un debate muy interesante, pero extenso, sobre la imitación, la creación, lo banal y lo genial en la fotografía.

Hablamos de profesionales y mi consejo es focalizar los esfuerzos de aprendizaje en los puntos antes mencionados: conocimientos técnicos básicos, lenguaje visual, claridad conceptual y efectividad empresarial.


que es obvio, pero es importante no olvidarse de aplicar el sentido común. Recuerda que no hay trucos para el éxito y cualquiera que los ofrezca es casi seguro que te engaña; que no hay caminos cortos ni fáciles, necesitarás entre 5 y 10 años de trabajo y esfuerzo para sentirte seguro como fotógrafo. Sé consciente de que nadie está esperando tus fotografías, aunque nazcan de tu estómago o estén disparadas en medio formato analógico, o reveladas con un

“preset” que has comprado online. Que hay pocas oportunidades, ¡ojalá cien mil personas pudiesen dedicarse a la fotografía! Y sobre todo, que los profesionales no tienen otro “secreto” que no sea trabajar mucho, tener paciencia, recursos para invertir, persistencia, visitar clientes, organización, gestión empresarial, conocimiento del lenguaje visual y a veces suerte.

 

Nadie negará que la fotografía es una de las grandes aportaciones a la humanidad. Difícilmente como individuos y como sociedad nos podemos imaginar, comprender y proyectar si no fuese por el uso continuado que hacemos de la imagen de registro. Conceptos fundamentales como la identidad, la memoria, el deseo o la concepción de lo real están atravesados y en parte modelados por nuestro uso de las fotografías. Vivimos un momento de reflexión y aproximaciones a lo fotográfico sin precedentes, con autores que redefinen la percepción clásica del medio, lo alejan de una visión centrada en la producción de imágenes, cuestionan el concepto clásico de autoría y lo expanden hacia propuestas donde la fotografía es vivida como una actividad relacional. No hay duda de que la función del fotógrafo es y seguirá siendo necesaria ahora y en el futuro, y que hacer y ver y participar de lo fotográfico como actividad personal, artística y social es una opción enriquecedora.

 

No es la fotografía, sino el papel del fotógrafo profesional lo que está en crisis y los caminos para serlo lo que se ha convertido en un esperpéntico bazar. ¿Quieres ser fotógrafo profesional? Es difícil, complicado y poco viable, pero si es tu deseo, adelante con él, suerte. Y si aceptas una recomendación, elige para formarte una opción donde te puedan ofrecer conocimientos y herramientas para comprender y usar en profundidad el lenguaje visual, que será tu mercancía, y las habilidades necesarias para iniciar y gestionar una empresa, que al final es lo que serás.


7. Breve resumen en 6 puntos. (Por si te quieres saltar todo lo anterior.)

 

1. Si eliges ser fotógrafo, consciente de que es un mercado muy reducido, con una oferta que excede en mucho la demanda y donde el pago en recompensas emocionales y promocionales se considera sustitutivo del monetario.

2. El fotográfico es un sector que tiene una de las principales fuentes de ingresos (quizá la principal) en ti, en tu ilusión por ser o parecer profesional y en el dinero y recursos que invertirás para intentarlo, guiado por un imaginario que ha construido una representación glamurosa, mistificada y heroica del profesional de la fotografía.

3. No hay ninguna regulación de precios y una parte importante de los profesionales apenas pueden subsistir con su trabajo y necesitan complementarlo con otros, y muchos abandonan tras unos años, siendo sustituidos por nuevas “promesas” en un ciclo continuo de adanismo (3) profesional.

4. Te enfrentarás a la necesidad de elegir entre ofertas formativas donde no hay baremos claros que te permitan diferenciar entre contenidos y docentes satisfactorios y otros que no. Y donde se priorizan conceptos asociados a la creatividad, la vertiente artística, la realización de deseos, la exaltación del yo, la pasión y la mitificación del fotógrafo, desdeñando los aspectos prácticos, cotidianos, empresariales y funcionales de la profesión.

5. Un fotógrafo ha de estar formado, pero ha de tener muchas otras cualidades y circunstancias, y la formación no supondrá más de un 25% de sus posibilidades de éxito laboral.

6. Si finalmente decides iniciar este camino, recuerda que el porcentaje de personas que progresan en la profesión es muy bajo y que necesitarás entre 5 y 10 años antes de sentirte cómodo, seguro y capaz en tu trabajo. Y que tu objetivo principal no será ser un artista, sino un profesional.

(3). Adanismo es, según la RAE (Real Academia de la Lengua): “Nombre masculino. Hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente.”

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